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Hasta el presente (Historia de Luna de Sangre)

 

 

En esta página encontrarás toda la información relativa al mundo particular de Luna de Sangre. Sin embargo, antes de leer la parte de la historia concreta donde transcurren los acontecimientos de Luna de Sangre te recomendamos que leas la Historia del Linage 2 si no eres familiar con ella.
 

Luna de Sangre continúa la historia que transcurrió en el servidor Eloquens muchos años después de un cataclismo, donde la mayor parte de los habitantes murieron. Si no conoces los acontecimientos que ocurrieron en Eloquens no pasa nada. Fueron olvidados hace cientos de años...
 

Lo importante es saber que hace mucho hubo un Cataclismo provocado por los Dioses que acabó con casi toda la vida, respetando los edificios de las ciudades, asi como todas las cosas materiales. Y es que los Dioses quisieron respetar su mundo para las generaciones venideras.
 


 

Después del Cataclismo, los Dioses Antiguos de retiraron, dejando como encargados de velar por el orden en el mundo que vino después a una seria de Dioses Menores que engendraron a partir de ellos. Encontrarás toda la información sobre estos Nuevos Dioses en su apartado correspondiente.
 

LA PROFECÍA DE LA LUNA DE SANGRE

La luna se teñirá de sangre…
Cuando sean ignorados aquellos que dieron el don de la vida
Olvidados los nombres de quienes llenaron de luz las tierras
Profanadas sus moradas en el mundo mortal
Cuando los hijos alcen las armas contra los padres…
Estos despertarán

El cielo se tornará oscuro y la luna se teñirá de muerte
Caerá del cielo el dolor y la desesperación
Serán arrancados los corazones de aquellos en cuyo atrevimiento sobrepasaron los límites…

Dos mundos se volverán a unir

Y las puertas serán abiertas cegando a los traidores
Dos figuras emergerán portando el estandarte
Dos espadas devolverán el orden
Dos escudos protegerán la Fe

Y el equilibrio volverá, los dos mundos serán uno.

El último día la luna llorará a los caídos,
y las aguas de los ríos se llevarán el Dolor
La brisa apagará los gritos de agonía
Y todo comenzará para dar paso a un nuevo amanecer

La Luna se teñirá de sangre…

 


 


LA ERA DE LA DECADENCIA

Muchas veces se han podido contar o escuchar historias en las que la humanidad pasa límites que nadie debería tocar. Esta historia, quizás, relate la última línea de esa carrera en la que los hijos del una vez conocido como Kain decidieron participar…

Estamos en el año 627 después del reinado de Baium, el Año de los Conflictos. Ha quedado tiempo atrás la época en que los humanos reinaron con mano firme las tierras conocidas y su voluntad se extendía más allá de los limites que marcan las costas. Solo es un recuerdo o una historia para contar, aquellos días en que no había fronteras entre los hermanos de sangre, esa época en la que, después de siglos de guerra, sangre, dolor y sufrimiento, en los campos antaño tintados de rojo comenzaba a florecer algún árbol.

Todo comenzó en el año 573, el año de los desastres. El linaje del emperador Amadeo gobernó Aden durante multitud de generaciones y el pueblo en sí se mostraba contento con esta situación. Así mismo los reinos de Gracia y Elmore se mantuvieron al margen del gran imperio y poco a poco se convirtieron en grandes reinos, prósperos países donde la población crecía feliz y con gran esperanza de vida. Las cosas no podían ir mejor… Pero es bien sabido que los humanos no destacan por pararse a reflexionar las cosas como lo haría cualquiera de las otras razas que gozan de una vida mas duradera, y por tanto, de mas tiempo para recapacitar lo que pueden ser ideas precipitadas. Los humanos cometen errores… y con el paso del tiempo, éstos se repiten.

Los humanos llegaron a su momento de gloría, ninguna raza jamás pudo compararse con el poder que estos poseían, pero como siempre, nada es suficiente…
 

Tras la muerte del senescal de Aden, guardian del reino, le sucedio, para sorpresa de gran parte de los ciudadanos y de los reinos en general un gobernante poco deseado, Teodor de Oren. Nadie sabe como un hombre honrado como el senescal dio tanto poder a alguien tan despreciable, pero a pesar de todo el nuevo "emperador" goberno hasta su muerte. Para alivio del pueblo, su hijo no era para nada como él, arreglo los problemas de su padre, puso orden en el imperio imperio y la gente volvio a ser feliz... por lo menos, un tiempo. Varias generaciones despues del emperador teodor nacio alguien que cambiaria la historia tal y como se conoce.

Gamaladriel II, Emperador de Aden, era consciente de que a pesar de todo su poder, siempre habría algo por encima de el y de sus iguales, líderes de los reinos vecinos. Los plebeyos se postraban ante él, y los nobles les adulaban constantemente en busca de su favor, pero todos y cada uno de ellos acudía de manera regular al templo de su dios patrón, y cada uno de ellos tenía en su hogar un altar dedicado a su deidad, su confidente y protector. Gamaladriel odiaba esto por encima de cualquier cosa, odiaba las religiones, odiaba los dioses, y entonces, comenzó a trazar un plan.

Una cosa era cierta, los dioses nos habían abandonado, muchos lo sabían en su fuero interno aunque se negaran a creer algo así, pero el emperador estaba convencido de que en ese momento no había nada, ni nadie, por encima de él, solo necesitaba hacérselo ver a la población, y no tardo en encontrar la forma.

Durante el año siguiente se dedico a crear de manera silenciosa el pánico y la desolación en sus condados y ciudades con planes meticulosamente planeados a través de cientos de intermediarios que le aseguraban el anonimato. Cada día una cosecha era quemada, una epidemia aparecía, un ciudadano era brutalmente asesinado en la plaza de alguna ciudad, alguna bestia de grandes proporciones aparecía de la noche a la mañana y creaba el caos… Realmente, para los ciudadanos, Einhasad los había abandonado.

No tardo en aparecer el momento en el que el emperador, aparentemente consternado por los acontecimientos recientes, habló al pueblo y dió su opinión.

“Hijos míos, durante toda mi vida me he preguntado si de verdad los dioses están con nosotros o nos guían a lo largo de nuestras vidas para que sigamos el sendero correcto… Pero ahora, estoy seguro de la respuesta. Los dioses nos han abandonado, dejado a nuestra suerte para que naufraguemos hasta acabar ahogados en un mundo en el que no creen que merezcamos vivir. Pero yo no estoy de acuerdo con la decisión que han tomado para nosotros, no estoy de acuerdo con que acabaremos mal. Para mi no es correcto que una madre rece a un ser que la ignora para que su hija se recupere de una terrible enfermedad, o que los campesinos deban sufrir arrodillados después de una dura jornada de trabajo para que este año puedan dar de comer a sus familias. No mientras yo esté obligado a proteger este imperio. A partir de hoy los templos serán clausurados y el clero deberá abandonar su oficio por siempre, la religión dejara de ser prioridad, bajo pena de muerte hasta que la sociedad se de cuenta de mis palabras y pueda comprender mi desición”

Y así, poco a poco, la religión desapareció de los reinos, pues los países vecinos también habían sufrido las mismas catástrofes de los dioses… El pueblo en su mayoría lo aceptó de buena gana. ¿Por qué perder el tiempo en un ser que aparentemente no da nada por nosotros? No estaban del todo equivocados. Aquellos que fueron fieles a sus deidades fueron asesinados, ejecutados en su mayoría, los demás se tuvieron que acostumbrar a una vida en la clandestinidad…

Pronto las demás razas se dieron cuenta de lo ocurrido, y aquellos cuya memoria es mas longeva decidieron hablar con Gamaladriel para hacerle entrar en razón. Les recordaron la historia del antiguo emperador cuyas ambiciones le hicieron permanecer eternamente encerrado en una fria torre de piedra, les recordaron a los arrogantes Gigantes que en su tiempo quisieron ponerse al nivel de los dioses, le advirtieron del peligro de jugar con algo así, pero su respuesta demostró lo cegado que estaba.

“¿Y quienes son los elfos para juzgar mis decisiones? Os he respetado en vuestra creencia de la importancia de seguir adorando a los dioses, pero no hagáis que mi cólera caiga ante vosotros, rezad a vuestra diosa si creéis que ocurrirá algo malo. Pero como contáis en vuestras historias, los dioses estaban presentes ante cada uno de esos actos, ahora nos han abandonado, nos han dejado solos, negadlo si queréis, pero no me vengáis con estúpidas amenazas, yo soy el máximo poder, y así seguirá siendo, retiraos a vuestros bosques”

Y así, comenzó la división, y así mismo, poco a poco comenzaba a despertar algo en un lugar tan lejano como cercano…

La vida siguió con su nueva estructura atea, y todo parecía ir bien, pero un día empezó a sonar por las calles de Aden una profecía, venía de boca de aquellos que se hacían llamar “Discípulos del saber”. De sus labios brotaban palabras que un día fueron nombradas a la vez que olvidadas…

La luna se teñirá de sangre…

Cuando sean ignorados aquellos que dieron el don de la vida.
Olvidados los nombres de quienes llenaron de luz las tierras.
Profanadas sus moradas en el mundo mortal.
Cuando los hijos alcen las armas contra los padres… Éstos despertarán .

El cielo se tornará oscuro y la luna se teñirá de muerte.
Caerá del cielo el dolor y la desesperación.
Serán arrancados los corazones de aquellos en cuyo atrevimiento sobrepasaron los límites…

Dos mundos se volverán a unir Y las puertas serán abiertas cegando a los traidores.
Dos figuras emergerán portando el estandarte.
Dos espadas devolverán el orden.
Dos escudos protegerán la Fé.

Y el equilibrio volverá, los dos mundos serán uno.

El último día la luna llorara a los caídos,
y las aguas de los ríos se llevarán el Dolor
La brisa apagará los gritos de agonía.
Y todo comenzará para dar paso a un nuevo amanecer .

La Luna se teñirá de sangre…

 

UN LEGADO DE SANGRE
 

Eran liderados por un humano de apariencia joven y porte digno, un profeta llamado Kilvas que aseguraba ser la misma voz de Einhasad, que aun habiendo quedado aletargada durante mucho tiempo, se mantuvo viva a travez de él. La profecía causó una gran revuelta a lo largo del Imperio. Aquellos mas supersticiosos empezaron a temer las acciones que habían cometido y el ambiente se notaba en tensión en cualquier lado. Otros, la gran mayoría, aquellos que se mantenían firmes en sus decisiones y apoyaban al emperador aseguraban que dichos profetas eran unos simples farsantes, locos que querían causar el caos, y debían ser eliminados. El emperador parecía pensar lo mismo, y así lo dicto al pueblo, y así comenzó otro baño de sangre, pero en sus palabras la inseguridad comenzaba a florecer aun sin él darse cuenta.

En los siguientes días cientos de profetas fueron ejecutados en las plazas de las ciudades, cortándoles la garganta pues incluso en su lecho de muerte, sus últimas palabras presagiaban muerte y dolor para aquellos que abandonaron sus orígenes. Pero cada día tenían nuevos adeptos y parecía que la amenaza no acabaría nunca, había que hacer algo, había que acabar con el líder de la organización que tantos dolores de cabeza estaba causando a los gobernantes, pero parecía ser más escurridizo de lo que es posible, así que tubo que tomar una decisión. Serían arrestados un centenar de profetas y ejecutados en el coliseo, asesinados y devorados por las bestias mas brutales y sedientas de sangre. Para algunos era un espectáculo grandioso, para aquellos que llevaban tiempo viviendo en las sombras no era más que una prueba de la decadencia en la que poco a poco se sumía el Imperio. Gamaladriel se aseguro de que en todos los rincones, todas las tabernas, todos los hogares la noticia de dicho evento fuera promulgada, y también hizo correr el rumor de que todo podría acabar si Kilvas, el que decía ser la voz de Einhasad, aparecía ante el emperador y se sacrificaba por sus hermanos.

El gran día llegó y casi todo el reino se amontonó en las puertas del coliseo para disfrutar del gran espectáculo, pero para desgracia de los expectantes ciudadanos y gozo del emperador, poco después de que fueran soltados los profetas al centro de la arena y poco antes de que las puertas que dieran paso a las criaturas se abrieran, dicen que la profecía se escuchó por cara recobijo del estadio, y todos los presentes comprendieron por qué había alcanzado tantos seguidores entre los que dicen ver el futuro. La voz del portador sonaba grave, solemne y armoniosa. Sus palabras estaban cargadas de una dolorosa verdad, el silencio se hizo. Cuando las palabras acabaron una figura apareció por la puerta del Gran Coliseum, una figura envuelta en un traje de lino blanco, desarmada, pero firme. El emperador rió.

“Por fin apareces, Kilvas, enviado de la diosa – dijo con sorna – Ahora, delante de todo el reino, demostraré que tú no eres más que un farsante, ¿La voz de Einhasad? Pues entonces todos verán que mi voz se alzará mas alto, y que mi espada derribará incluso a aquellos con porte divino, lucharás conmigo, y se resolverá el conflicto”

El emperador, embutido en su dorada armadura y aferrado al mango de su espada, bajó a la arena donde le esperaba el profeta, ambos portaban una espada, ambos tenían algo con lo que no estaban de acuerdo. Gamaladriel se puso en posición de combate, pero Kilvas ni siquiera movió un músculo, simplemente se quedo firme, mirándole desafiante, sin pronunciar palabra.

“¿Esto es lo que me envía la diosa? ¿Un cobarde que no es capaz de levantar la espada para defender sus palabras? La gente como tu no tiene cabida en este reino, me das asco, Kilvas, voz de Einhasad”

La espada atravesó al profeta justo en el corazón, y dicen, que justo cuando eso ocurrió, el mensajero de la diosa aferro la espada con las dos manos y atrajo hacia el a su contrincante, y a pesar de hablar en un susurro, todos pudieron escuchar su voz de manera clara.

“Humano estupido, tu arrogancia te hace cometer error tras error, sin pararte a pensar en las consecuencias. Yo, que soy parte de la misma esencia de Einhasad, un fragmento de su alma entre ustedes, moriré ante ti, pero sin darte cuenta acabas de firmar tu sentencia, la profecía ha completado su primer ciclo, “Cuando los hijos alcen las armas contra los padres…” Te has condenado a ti, y has condenado a tu gente.”

Dos pares de ojos se abrieron, despertaron del letargo.

La vida siguió con normalidad y gran parte de los que presenciaron el anuncio de un fin cercano comenzaron a olvidar lo sucedido. Todo seguía como hasta entonces. Pero un día, una noche en la que la luna se presentaba mucho mayor que de costumbre todos observaron el hecho que marcaría su futuro y encogería sus corazones, la luna estaba teñida de rojo, Comenzó el “Año de la Luna de Sangre”.

Lo que ocurrió después de ese día es difícil saberlo, unos cuentan que las lluvias que caían del cielo arrancaban la vida a aquellos que eran rociados con ella, otros comentan que aquellos que desafiaron a los profetas de manera más activa aparecían en sus casas muertos, con la mirada perdida y envuelta en un terror que nada de este mundo puede causar, a todos les faltaba el corazón. Durante mucho tiempo el sol no volvió a brillar y los reinos fueron sumidos en las sombras. El segundo ciclo se completaba, y la gente comenzó a dudar. Las calles ya no portaban el rumor de un lugar prospero y feliz, en ellas solo había susurros y sombras.

Entonces, lejos de los reinos humanos, en los bosques y las montañas, dos puertas fueron abiertas, y de ellas surgieron dos seres de un aura que desde hacia siglos no pisaban la tierra, dos figuras que portaban el emblema de una luna ensangrentada, dos figuras que tenían una misión, y la cumplirían.

El primero se hacía llamar Lazhander, portaba una armadura de un fulgor blanco que iluminaría la más oscura de las mazmorras del reino. Emergido en los verdes bosques del árbol madre se dirigió hacia el lider elfo que dominaba esas tierras.

El segundo se hacía llamar Vherón, portaba una armadura de un fulgor oscuro que le envolvía en una oscuridad completa. Emergió en los ennegrecidos y estériles bosques de los drow.

Ambos hablaron durante largo tiempo con los líderes escogidos. Aseguraron que los dioses no habían abandonado el mundo. Cierto era que gran parte del ser de las deidades esta sumida en un mundo propio, ignoraban a los mortales, olvidaban sus creaciones, pero en los mas profundo de su ser siempre habría un vinculo que el mundo que habían creado, y una parte de ellos seguía preocupándose por sus hijos. Ellos eran esa parte, despertados tras las atrocidades que se llevaban acabo en los reinos, incapaces de hacer nada pues la mayor parte de su ser se negaba a preocuparse por los mortales, se separaron de su cuerpo, y nacieron ellos.

Aseguraban la necesitad de purificar las tierras que sus hermanos, Kain y Einhasad habían creado, y que utilizarían todos los medios necesarios, sangre por sangre, el orden se reestablecería.

Los elfos no dudaron en unirse a la cruzada, aquellos que nunca abandonaron su legado y ahora, entusiastas al saber que nunca estuvieron equivocados. Los enanos y orcos, mas reacios a abandonar sus tierras, aceptaron a sus nuevos lideres, espirituales y políticos.

La cruzada había comenzado, la era de los dioses volvería a las tierras mortales, y todo aquel que se negara, moriría instantáneamente, el juicio había comenzado, y otro ciclo más de la profecía se cumplía.

La Guerra de la Luna Sangrienta fué llamada, poco se sabe de ella, pocos sobrevivieron para contarlo, y los que pudieron, se mostraron reacios a recordarlo. La espada de Vherón azotaba las tierras del norte y bajo su manto de oscuridad cayeron aquellos que algún día dudaron de su poder, solo los fieles a sus deidades quedaron con vida.
Lazhander arrasó las tierras del sur, al igual que su hermano, no quedó nadie con vida para discutir su autoridad, pronto los condados iban cayendo así como la población de los reinos, y los dos dioses avanzaban con sus pequeños pero mortíferos ejércitos, hasta reunirse en el gran castillo de Aden.

“Emperador de estas tierras, ríndete y acepta tu derrota, muere como debe morir alguien de tu porte. Acepta la redención que se te ofrece y ten una vida eterna, o cae en los reinos de Shillen”

Gamaladriel se negaba a retirarse de su hogar, y los dioses se negaban a causar daños físicos a las estructuras de las ciudades, sus futuros reinos y hogares, el hogar de sus seguidores, y de los hijos de éstos, un lugar que en el futuro sería prospero y gobernado durante milenios por aquellos que salvaron a la humanidad.
Durante semanas, los dos hermanos se prepararon para crear la mayor catástrofe que las tierras nunca habían visto. Usaron su poder conjunto para unir sus cuerpos y sus almas en un solo ser con el poder suficiente para realizar el hechizo mas destructivo que jamás había sido lanzado, de ellos nació Kélenvor, el dios padre. Lanzaría la muerte por todos los rincones de Aden y Elmore, nadie, o casi nadie, podría escapar, todos aquellos que no se unieron al estandarte divino y portaron su insignia, perecerían. El decimocuarto día despues de la amenaza al emperador, una luz cegadora barrio la tierra, pocos quedaron con vida, en todas partes colgaban cuerpos inertes…

La profecía se cumplía y llegaba a su fin. Durante el tiempo que siguió al gran desastre, al que los supervivientes llamaron “El suspiro”. Durante el tiempo que siguió a la catástrofe de purificación, Kélenvor se empezó a preparar para que el nuevo mundo cambiara.

Durante meses desapareció de la vista de sus nuevos fieles, estos se preguntaban muchas cosas, pero cuando apareció comprendieron todo. Nadie sabe de donde salieron los nuevos dioses que trajo con él. Unos dicen que nacieron de su propio poder, otros que Kélenvor robo la esencia divina a los dioses perdidos, el caso es que se presento con 5 entidades de gran poder, los que organizarían el mundo.

“Mis queridos fieles” Dijo Kélenvor “La era de aquellos que nombrasteis vuestros guias espirituales a acabado, tiempo a pasado desde que dejaron de escucharos y protegeros, tiempo a pasado desde que olvidaron a sus hijos. Pero yo y mis nuevos hijos os guiaremos a partir de ahora. Se acabaron las plegarias vacías y sin respuesta, el mundo va a cambiar, y gracias a ustedes podremos vivir de manera mas feliz”.

Extor, Alantae, Alare, Marume y Serenis. Cada uno tenía un poder muy similar al de los antiguos dioses. Pronto los templos pasaron a ser lugar de culto para estos y cada uno alcanzo gran número de fieles, al fin y al cabo la verdad era evidente, los dioses les habían abandonado.

Durante un mes la lluvia cayo sin descanso, la sangre que corría por los ríos se fue disipando y el viento de las tormentas limpio cualquier estigma de impureza. La profecía se había cumplido, y el cielo se volvió celeste de nuevo, la luna volvió a brillar…


Kélenvor puso al gobierno de sus ciudades a los más capacitados entre sus guerreros, y se crearon las seis órdenes religiosas, grupos de guerreros acordes al criterio de los dioses que les ayudaron a proteger aquello que defendían, pronto, todo comenzó a coger estructura. Una nueva era había comenzado… Hoy hacen 50 años desde que todo comenzo… El año de los dioses.
 


 

 

 

 
 
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