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Historia política.
En esta sección se cuenta la historia reciente de lo
ocurrido en los Reinos de Aden y Elmore...
La conquista de Aden
- Este es el lugar..
Se escucha un susurro en el silencio de la noche. Dos de los seis guardias
que acompañan a los dos hermanos dejan en el suelo reposar un cofre decorado
con adornos de mithril y enrias brillantes, tallados con un escudo tiempo
atrás olvidado por generaciones descuidadas de viejas historias, mitos y
leyendas.
- Ya es hora de reclamar lo que es nuestro.
Dice el hermano mayor mientras abre el cofre. Los soldados se alzan de
puntillas para averiguar que contiene este, con esperanza de ver algún
objeto valioso, pues ese cofre ha sido estrictamente vigilado durante varias
generaciones. Sus rostro tornan de curiosos a incrédulos cuando ven a
Amadrian sacar un pergamino sellado de su interior.
- Este es el pergamino, que abre el pasadizo secreto que comunica el
Castillo de Aden con su cementerio. Solo puede ser usado por la sangre real.
El primer hijo, de cada primer hijo descendiente de Amadeo, quien tiempo
atrás gobernó Aden. -
Los guardias asienten en silencio, mientras el hermano menor explica el
contenido del cofre. Amadrian se dirige a la tumba, pone su mano sobre el
pergamino un haz de luz parece cobrar vida, enrollándose por su brazo y
acabando en su mano, desenvolviendo el pergamino lentamente y la lápida a su
vez desplazándose a un lado, y haciendo rugir la pesada roca. La luz
desaparece y el pergamino se vuelve a cerrar.
- Este es la puerta de nuestra victoria, esta es la llave para la
reconquista de Aden. -
Los hermanos junto con sus soldados se adentran en la caverna situada en el
cementerio, cuya puerta ha permanecido oculta por una gran losa de piedra
que simulaba una tumba de alguien desconocido. Nadie jamás ha sospechado
sobre el secreto que guardaba esa tumba perdida entre otras tantas.
Una vez dentro, encienden antorchas y se abren paso entre cortinas de telas
de araña, y apartando las ratas y cucarachas con los pies. Un kilómetro de
pasillo en penumbra les espera frente a ellos. Comienzan a avanzar...
Mientras en el exterior un comandante vigila el cementerio desde la lejanía,
cuando percibe una tenue luz brillante en un rincón del cementerio.
- La señal. -
Al momento un soldado gira un reloj de arena, y el resto se preparan para un
combate cuerpo a cuerpo. Cuando caiga el último grano de arena será la hora
de asaltar el castillo, entrando por el desagüe trasero.
La arena cae lentamente, y la espera se hace larga, al menos cinco minutos
han pasado hasta que el último grano de deposita en la cumbre inferior del
reloj.
- Adelante! -
Dagueros y arqueros corren rápidamente hacía la abertura trasera del
castillo. A unos cincuenta metros, tres arqueros se clavan de rodillas,
mientras el resto del grupo avanza. El guardia de la muralla se percata de
la intrusión, pero justo cuando va a dar la voz de alarma, una flecha se le
clava en la nuez, otra va a atravesarle un hombro y una tercera cae
silenciosa al interior del castillo.
Los arqueros se incorporan enérgicamente y continúan su carrera hacía el
castillo.
- Ya le dije al comandante que yo solo me bastaba. - Le comenta a Gregor,
quien ha acertado de lleno, sonriente a sus compañeros.
- Sabes que no se podía permitir el lujo de fallar. - Le contesta Derkle,
mordiéndose la lengua.
El tercer arquero que ha acertado en el hombro mira a Derkle burlón.
Mientras los primeros soldados ya han alcanzado la parte superior del muro,
todos agachados, menos uno que ha ocupado el puesto del abatido, y comienza
a imitar la misma ronda, los mismos pasos, las mismas pausas y el mismo
movimiento.
Los dagueros sigilosos avanzan por la muralla, deteniéndose en las esquinas,
memorizando el recorrido y el tiempo de los soldados a los cuales van a
abrirle el cuello con sus dagas y ocupar su puesto en la muralla. Uno casi
es descubierto, pero un arquero rápidamente le atraviesa el corazón desde la
distancia.
En el interior del castillo, los hermanos y sus seis soldados atraviesan el
sótano y llegan a la sala del trono. A estas horas de la noche la sala se
encuentra vacía, únicamente dos soldados custodian la puerta de espaldas al
trono. Dos de los soldados lo reducen en silencio y ocupan sus puestos,
mientras los otros cuatro esconden los cadáveres. Acto seguido, dos soldados
se separan del grupo en busca de otra pareja de guardia en el pasillo
principal del castillo, mientras tanto los hermanos y dos arqueros suben al
pasillo de las habitaciones. Cada par sube por un extremo del pasillo. Los
hermanos hacen aparición primero en el pasillo, caminando despacio y
tranquilo, dirigiéndose a la puerta del Rey Delomer, cuando los dos guardias
que custodian la puerta, se dirigen a ellos, dándoles el alto.
- Buenas noches, caballeros. Hemos venido a..- sendas flechas hacen
aparición en la parte delantera de los soldados, que caen de rodillas a los
pies de los hermanos, Amadrian continua diciendo -.. a hacerle una visita a
vuestro Rey.- Y pasan por encima de los cuerpos inertes hasta llegar a la
alcoba.
Los arqueros irrumpen en la habitación de Delomer y este se sobre salta, al
verse apuntado por dos flechas tensas en sus arcos. Los hermanos entran tras
ellos.
- Guardias!!- grita Delomer.
En el exterior se oye el grito y los soldados que hacen la ronda sonríen
complacidos. Los dos últimos guardias del rey, alertados se giran antes de
que los dagueros que iban a asesinarles hubiesen alcanzado sus posiciones y
se ven obligados a lanzarles la daga y clavársela en el cuello, y corazón
respectivamente.
- No te molestes, Delomer. En estos momentos tus guardias están siendo
abatidos por mi avanzadilla. Tu precioso jardín, en breve, va a ser lugar de
descanso para nuestra maquinaria pesada.- En ese momento la habitación
comienza a temblar, como si de un pequeño terremoto se tratase.
- Justo a tiempo. - Comenta Garlen, el hermano menor.
En el exterior, una antorcha se agita sobre la muralla, y de los bosques
empiezan a surgir decenas de pelotones de soldados formados en rectángulo, y
otros cientos empujando maquinas de asedio.
El rostro de Delomer torna a blanco, horrorizado por el mero hecho de pensar
que toda su guardia ha sido aniquilada, y encontrarse en esa situación
indefensa. Entonces recuerda que sobre la mesa descansa su espada y alarga
el brazo en su busca, cuando este es atravesado por una flecha clavándolo en
la pared.
- Arrrgghh - Entre grito y balbuceo. - ¿Quien sois? -
- Me alegra que nos hagas esa pregunta, pues estaba a punto de sacarte de
dudas. Somos descendientes directos de Amadeo. Amadrian y Garlen, mi hermano
menor.- Clavándole un puñal en el corazón. - Y he venido a reclamar mi
trono. –
La conquista de Rune
Solo ha pasado tres días desde la toma del Castillo de Aden, tiempo durante
el cual ha permanecido cerrado e inaccesible ni por tierra ni por aire ya
que ha sido vigilado por hombres en monturas voladoras. De los nobles no se
tiene ni rastro y las gentes de Aden viven sus vidas aparentemente sin
cambios, pero sumidos en la incertidumbre y el miedo profundo por aquel que
ha invadido el castillo del rey Delomer.
La tierra se agita al alba, y los habitantes se despiertan y salen a las
calles. Las puertas del castillo por fin se abren, y desde estas sale un
desfile de maquinarias de asedio nunca antes contemplado ni por los antiguos
elfos. La gente atrevida que ha subido a mirar se estremece ante tal
magnitud, un ejército colosal. Hombres de armas con armaduras pesadas,
muchos sobre sus monturas terrestres, aunque la mayoría va a pie, también
hay una minoría que sobrevuela las cabezas de los habitantes.
Se dirigen hacia el norte, algunos dicen que cuando los primeros llegaban a
la torre de la insolencia, aun habían soldados saliendo por las puertas de
Aden.
Rápidamente la noticia se extendió, y llegaron avisos a Elgor que gobernaba
el territorio de ElasNarf desde el castillo de Rune. Elgor ordenó una
emboscada en un paso estrecho ignorante del tamaño del ejercito que se
aproximaba. Vrarin al mando del ejército de este gobernador, titubeó y
comenzó a explicarle temeroso a Elgor que mientras las maquinas de asedio
atravesaban los pasos estrechos, el ejercito a pie y las monturas iban en
los laterales elevados, y que diez monturas acompañadas de otra alada, era
enviada a los ocho puntos cardinales con el fin de anticipar cualquier
aproximación.
Elgor se sentó en el trono con la mano apoyada contra su cara, ordenó a
Vrarin que se retirase, sumido en la tristeza Elgor comprendió que no tenía
nada que hacer.
Cuando el ejército llego a Rune dos días más tarde, Elgor se asomó a la
muralla y averiguó que si vista no podía abarcar todo el territorio que este
ejercito ocupaba.
De repente un dragón emprendió el vuelo hacia el castillo, a medida que se
acercaba se dibujaba una figura sobre él que iba cobrando forma y color su
vestimenta, sin duda se trataba de algún líder.
- Soy Garlen, descendiente de Amadeo, y vengo a ocupar este castillo desde
el cual unificaré y reinaré sobre todo el territorio de Elmore. Puedes
rendirte ahora, Elgor, o morir junto a todos tus soldados.-
Elgor miró a su alrededor, observaba a los arqueros con las manos
temblorosas, tragando saliva y sudando a raudales sin aun haber empezado
ningún esfuerzo físico. Miró hacia el interior al patio de armas, y vio un
ejército murmurando en silencio. Sus hombres asustados con la moral mermada
y diez veces menor que el ejército se alzaba frente así, no tenían ninguna
posibilidad de ganar. Para que perder vidas inútilmente, al menos le habían
dado la opción de salvar a sus hombres.
- Nadie derramará una gota de su sangre.- decía Elgor mientras sentía un
millar de alfileres clavándose en el sentimiento de su corazón. - Nos
retiraremos a otras tierras en paz.-
Garlen sonrió a la vez que tiraba de las riendas de su dragón para dar la
vuelta. - Sabia decisión, Elgor, mañana a primera hora entraremos por tus
puertas que deberás abrir al Alba.-
Y Elmore quedo unificado...
Garlen estaba sentado en su trono repasando mentalmente con una copa del
mejor vino elfico en la mano los hechos de los últimos días, recordó la
recepción que hizo, a la que asistieron representantes de la mayoría de
casas y clanes del continente, de dicha reunión saco en claro que Elmore
respaldaba su reinado por lo que creía que a corto plazo no tendría ningún
problema en mantenerlo bajo su mando.
Recordó la reunión con Ankalimar, eso orco con su sed de guerra le iba a
proporcionar grandes satisfacciones en forma de caos general en los
condados, aún era pronto para asegurarlo pero ya imaginaba la gran guerra
entre condados que podría sobrevenir de esto. Los condes de las ciudades de
Elmore capitularon ante el sin condiciones, salvo Brildox, conde de Goddard...
ese orco podría traerle problemas en el futuro pero mientras creyese que
compartían ideales seria un títere fácil de utilizar y con mucho potencial,
en resumen Elmore era suyo... y no había tenido que derramar una sola gota
de sangre.
Paso después a revisar el estado de Aden; Gludwin acaba de salir de una
guerra pero si todo salía bien no sería difícil meterlo en otra, Dion estaba
controlado por un líder débil, ese tal Lobo no podía representar una amenaza
para el aunque también sería muy difícil hacerlo entrar en una guerra. En
Oren la Rosa Negra había muerto, pero los lideres de Ordo tenebrarum
continuaban apoyando a los insurrectos de Elite contra el Gobierno de
Giran.. Giran, esa era la ciudad que mas placer le causaba a Garlen
actualmente, una ciudad sumida en el caos con un gobierno plenamente volcado
en defenderse de los ataques, si, Giran estaba justo como el quería que
estuviese todo Elmoreden. Solo quedaba Heine, una ciudad pacifica y aislada
del mundo más centrada en sus antiguos dioses que en la política, Heine no
le interesaba a Garlen en lo más mínimo pero sería interesante verlos en
medio de una guerra.
Garlen saboreo otro sorbo del vino y pronunció para un público invisible:
- Has heredado Aden mi "querido" hermano pero pronto la situación se volverá
insostenible y será tu propio pueblo el que te cuelgue en la plaza de Aden
¿Y a quien acudirán después? a mí, al Gran Garlen, el que mantuvo su reino
en paz mientras el inepto de su hermano era incapaz de acabar con el caos.
Rió en la soledad de la sala del trono, no con una risa alegre, si no con
ese tipo de risa que hiela la sangre en las venas, alzo la copa y dijo:
-Por el futuro de Elmoreden hermano.
Gran fiesta en Aden
Amadrian regresó con la mitad del ejército que había llevado junto su
hermano hasta Rune. La dominación de aquel territorio no les había supuesto
ningún problema, los planes iban como la seda. Pero también sabía que Aden
era mucho más amplio y complejo, que eran más territorios y mayor número de
población. Aun pudiendo someterlos a todos, pues tenía potencial para ello,
preferiría usar la vía diplomática, por su bien y la estabilidad política de
cara al futuro.
Así pues, cuando Amadrian llegó a Aden, ya había pensado en todo mientras
sobrevolaba los cielos de camino a su reino, y entrando por las puertas de
su castillo, mientras desvestía su armadura, iba dando órdenes a cada uno de
sus sirvientes.
- Vamos a celebrar una fiesta en el castillo.- Dijo irrumpiendo en la sala.
- Quiero un gran banquete, traer el mejor pescado de Giran y Gludin. Carne
desde Gludio y Dion, la mejor miel y hortalizas del territorio de Floran!!
Sed generosos con el pago, y decid que "os lo compra el Rey de Aden".
- Poned mesas a lo largo del jardín, aquí dentro no cabríamos. Pienso
invitar a todo el territorio.
- Quiero decoración, lo más hermoso que encontréis, que las damas queden
perplejas.
- No retiréis el ejército, quedaros todos alrededor, cerca de las murallas,
mientras se celebra la fiesta, quiero que todos contemplen nuestro
ejército.- Dejo escapar una sonrisa.
Miró a uno de sus sirvientes y le dijo que se acercara.
- Quiero que escribas un cartel y hagas copias del mismo para poner en todas
las ciudades del territorio. En el cartel escribe lo siguiente.- Mientras su
sirvienta iba tomando nota a su lado mientras caminaban.
La unificación de Aden
Cuando el gentío, gobernadores y representantes de los
mismos asistieron a la fiesta, quedaron perplejos con el ejército que había
allí dentro. Estos debieron imaginar la doble intención de aquella fiesta,
Amadrian les invitaba amablemente a su castillo, para mostrarles su
potencial militar.
Durante la semana siguiente, Amadrian fue a cada
castillo de cada territorio para tratar sus fines políticos de Aden, y
quedar por fin unificado. Los gobernadores se lo pensarían dos veces antes
de negarse a su propósito, y siempre era más económico un tratado que tener
que desplazar un ejército.
Giran no le supuso un gran reto ya que estaba sumida en
guerra, y el gobernador Retrox reconoció el reinado de Amadrian para que
este le ayudase en la defensa de su ciudad, ya que Amadrian no permitiría
que matasen a gente de su ahora perteneciente pueblo.
De Giran partió hacia Heine, una ciudad totalmente
contraria a Giran, puesto que se había mantenido pacíficamente desde la toma
de la misma, y sus mitos, historias y costumbres también diferían. Para
empezar era una ciudad por la que discurrían canales de agua, y había
distintos templos dedicado a los dioses, no es de extrañar en una ciudad
cuyo gobierno se rige por el orden eclesiástico. Y esto fue lo que le pidió
la gobernadora de Innadril Ileveth, a Amadrian. Trasladar la capital de la
iglesia a Heine para poder controlar la religión de las iglesias de Aden.
Esto no le supuso ningún problema ya que Amadrian no se interesaba demasiado
por la religión, aunque adorase a Kain. Cuando habló con el Sumo Sacerdote
de Aden, se las ingenió para convencerle.
La siguiente ciudad fue Dion, cuyo gobernador Lord Lobo
estaba más interesado por la mejora del mercado de su ciudad que por
títulos nobiliarios, aunque comprendía lo que significaría la anexion de
Dion al territorio de Aden, cuando Amadrian aceptó trasladar parte del
comercio de Aden a Dion, Lord Lobo quedó satisfecho.
Y de Dion partió hacía Gludio donde encontró una enana
peculiar llamada Isha como gobernadora de estas tierras. Sus pensamientos
respecto al comercio e intereses pacifistas la llevaron a pedirle a
Amadrian que reconociera su ciudad como ciudad nuetral que rechaza cualquier
tipo de conflicto. Así que Amadrian lo tuvo muy fácil esta vez, pues
cualquier Condado puede mantener una postura e ideales propios, tampoco
cambiaba nada. Gludwin formó entonces parte de Aden.
Ya de regreso a Aden, Amadrian pasó por Oren para
hablar con Zant, líder de Ordo Tenebrarum, que gobernaba esta ciudad.
Aunque primeramente Zant no estuvo muy de acuerdo, finalmente aceptó a
Amadrian como su Rey.
Así pues cuando terminó la semana, Aden quedó unificada
bajo la Corte en Aden, y dividida en condados dirigida por Condes leales a
Aden, o eso se pensaba el rey…
Un vasto territorio de
problemas
Al fin tras mucho esfuerzo Amadrian y Garlen constituyeron en el
continente dos grandes reinos, al norte el Reino de Elmore y al sur el Reino
de Adén. La división administrativa de los reinos incluyó las ciudades de la
corte, los realengos y los condados.
Las ciudades de la corte, eran las próximas a los grandes castillos
donde los monarcas tenían fijada su residencia. Los realengos serían los
territorios donde el rey ejercería su autoridad directamente. Algunos
pueblos y terrenos se convirtieron en este tipo de unidades administrativas,
pero lo más común fueron los condados, ciudades que contaban con un castillo
próximo y que controlaban amplios terrenos que pasaron a ser administrados
por un conde que habiendo jurado fidelidad al rey, ejercía el poder en esas
tierras, pagando unos tributos de vasallaje al monarca.
En el sur, el Reino de Adén, la corte se estableció en la ciudad de Adén y
se convirtieron en realengos la Isla Kamael y el Poblado de los Cazadores. A
su vez los condados quedaron instaurados como el Condado de Dion, con
capital en Dion y del que dependía el pueblo de Floran, el Condado de Gludio
con capital en Gludio y que controlaba un vasto y variopinto territorio que
incluía el pueblo de Gludin con su puerto y la Isla de Talking, el Condado
de Oren, con capital en Oren y del que dependían las villas de los elfos y
los elfos oscuros y en cuyos terrenos se encontraba además la famosa Torre
de Márfil, el Condado de Girán cuya capital fue la populosa ciudad de Girán
y del que dependía el puerto situado al sur de la ciudad, y finalmente el
Condado de Innadril con capital en Heine, la hermosa ciudad construida sobre
las aguas.
En el norte, el Reino de Elmore, la corte se estableció en la ciudad de Rune
y se convirtieron en realengos los pueblos de los orcos y de los enanos,
quedándo instaurados dos condados, el Condado de Goddard y el Condado de
Schuttgart cuyas capitales fueron las ciudades homónimas.
De esta manera, la corte de Adén, dos realengos y cinco condados
constituyeron desde entonces el Reino de Adén. La corte de Rune, dos
realengos y dos condados serían de ahora en adelante el Reino de Elmore. Los
habitantes de las ciudades de la corte y los realengos pasaron a ser
conocidos como ciudadanos, así como los habitantes de los condados pasaron a
ser conocidos como siervos.
Pero los reyes tuvieron desde muy pronto problemas para controlar a sus
vasallos. Aunque de jure eran monarcas de un gran territorio, de facto su
poder se veía limitado a la ciudad donde tenían establecida su residencia y
de forma a veces algo precaria a los realengos. Los condes tenían grandes
prerrogativas en los territorios que controlaban y como frecuentemente
dominaban mejores tierras que el rey al que teóricamente rendían pleitesía,
empezaron a rivalizar con él, negándose a pagar los tributos del vasallaje.
Los reyes no disponían de la fuerza suficiente para someter a sus condes, de
tal manera que los dos grandes reinos en la práctica se convirtieron en un
conjunto de territorios gobernados por personas con intereses dispares que
pugnaban entre ellos.
Periódicamente, los reyes de ambos reinos organizaban Concilios o Cortes
donde se reunían con sus vasallos y los representantes de los ciudadanos y
siervos de sus respectivos reinos. A veces también se hacían Concilios o
Cortes de carácter continental, donde en una misma sala se reunían ambos
reyes, todos los condes y los representantes de los ciudadanos y los
siervos.
La nueva trama política fue ideada por Alanor y
redactada por Nicanor en
colaboración de Majere). ¡Le damos las gracias!
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